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La historia que ahora os voy a contar ha de
serviros para saber que algunas veces los
burlones resultan también burlados, así que
tener mucho cuidado con las bromas. Veréis, una
zorra invitó a una cigüeña a cenar, preparó una
sopa y la sirvió en una gran bandeja plana,
parecía deliciosa, "... humm...", olía muy bien,
"... vamos a empezar...", dijo la zorra y
comenzó a lamer, "... humm, esta sopa está
muy buena...", dijo relamiéndose y luego
preguntó a la cigüeña, "... ¿qué piensas de ella
amiga mía?...".
"... Encuentro
imposible decir lo que pienso de ella...", dijo
la cigüeña picoteando en vano la bandeja con su
largo pico, un pico que le impedía probar la
sopa, "... ñam, pech, pech, no puedo hacer
llegar absolutamente nada de sopa a mi boca...".
Era lo que la vieja astuta zorra había pensado
que pasaría. Se estaba burlando de la
cigüeña, lo encontró muy divertido y terminó
ella misma la sopa con una astuta sonrisa en su
cara.
Pero no creáis que
acaba aquí la historia, no. Unos pocos días
después la cigüeña invitó a la zorra a cenar,
ella también preparó sopa. A la zorra se le hizo
la boca agua cuando la vio cocinando; "... humm,
mua, humm...", aquello tenía un aspecto
delicioso.
La cigüeña sirvió
su sopa en una jarra que era ancha en su base y
estrecha en la boca, en definitiva, a la zorra
no le cabía la cabeza, "... humm, vamos a
empezar...", dijo la cigüeña sumergiendo
su pico en la jarra y dando un gran sorbo, "...
chus, chus, esta es una sopa muy buena aunque
sea yo misma quien lo diga y no esté bien, ¿qué
piensas tú de ella amiga zorra?...", "... ¿cómo
puedo decir a qué sabe tu sopa si no puedo meter
la cabeza en la jarra para lamerla, ay, ay, ay,
...", refunfuñó la zorra.
La cigüeña no dijo
nada mas pero acabó la sopa mientras la zorra
miraba. Los papeles se habían cambiado pero por
alguna razón la astuta zorra no encontró esta
vez la broma graciosa.
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