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Había una vez una abuela que hizo una
tarta muy rica porque ese día venían su hija y sus nietos a verla. Entonces la
abuela oyó el teléfono. Era su hija. La hija le dijo que no podían ir a verla.
Por eso, ella se comió la tarta sola, para que no se echara a perder.
Un día después la abuela hizo la misma
tarta otra vez, pero también escribió la receta para la tarta. Entonces llamó
otra vez su hija y le dijo que de nuevo no podían ir a verla, pero que al día
siguiente irían con seguridad. La abuela tuvo que comerse la tarta de nuevo
sola.
Al otro día la abuela tenía que hacer
la misma tarta, pero ya no sabía cómo se preparaba. Por eso la abuela quería
usar la receta, pero no podía encontrarla. La abuela empezó a llorar, pero
entonces ella hizo otra tarta que también estaba muy rica, pero no tanto como la
primera. Después llegaron su
hija y sus nietos. La hija
llevaba en sus manos una tarta como la que la abuela había hecho el día anterior
y el día antes del anterior.
Después de saludarse y de charlar un poco, comieron todos de la tarta de la
abuela y todos dijeron que estaba riquísima.
La hija también preguntó si le podría
dar la receta. Una hora después, la abuela encontró la receta de la primera
tarta que no había encontrado. La abuela dio a su hija la receta de la segunda
tarta y juntas abrieron una pastelería, donde hornearon muchas tartas y
pasteles. Y todos los vecinos
desde entonces han comprado ahí...
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