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MICAELA
una rana ridícula

Cada noche, los pequeños animales del bosque piden al viejo roble que les cuente un cuento.

Hoy, les va a contar una historia de ranas.

El roble mece sus ramas y comienza el cuento.

En el bosque, todos decían que Micaela era un adefesio.

Vivía en la charca de los patos, que era un lugar húmedo y caluroso si le daba el sol; tenía una voz desagradable, unos ojos saltones como huevos y una piel verde y escurridiza.

Y, es que, Micaela era un rana.

A Micaela le gustaba cantar.

Cuando el sol asomaba entre los árboles ella se encaramaba en una piedra y cantaba; cuando veía la cara de la luna reflejada en la charca, se subía a un nenúfar y cantaba.

Micaela siempre cantaba.

Los animales se burlaban de Micaela; le decían que su canción era horrible y la llamaban adefesio y carraca.

La pobre estaba triste y cada noche miraba las estrellas pensando...

Pero ese día no llegará nunca.

Y, después de tantas burlas, Micaela decidió abandonar la música.

A partir de entonces, Micaela subía a su piedra y se quedaba allí, muda y quieta.

Los animales del bosque le preguntaban:

-¿Micaela, acaso te ha comido la lengua el gato?

Y Micaela contestaba:

-No pienso cantar nunca más.

En verano, los pequeños animales del bosque acudían a la charca a jugar y a chapotear.

A Micaela le hacían gracia el mal carácter de los erizos y las bromas de los ratones.

Una mañana de sol brillante, los pequeños animales fueron, como cada día, a bañarse a la charca.

Mientras jugaban, unos lobos se acercaron ellos.

De pronto, Micaela vio el destello de los ojos de un lobo entre los árboles y pensó: << Debo avisar a los animales del peligro que corren los pequeños.>>

Micaela, sin pensar, subió a su piedra, tomó aire y comenzó a cantar con todas sus fuerzas.

Los animales del bosque, al escuchar el canto de Micaela, supieron que algo sucedía y se dirigieron en tropel a la charca.

Acudieron los ratones y los erizos; los conejos y las ardillas; las comadrejas y los búhos.

Los lobos, al escuchar el ruido de los animales que se acercaban, pensaron que venían los cazadores y salieron huyendo.

Cuando los animales llegaron a la charca, vieron huir a los lobos.

¡La música de Micaela había salvado la vida a los pequeños del bosque!

Los animales pasearon a Micaela a hombros por todo el bosque; después, la nombraron centinela de la charca.

A partir de ese momento Micaela, la centinela, fue respetada por todos sus vecinos.

MORALEJA

No hay que despreciar a nadie por su aspecto.

Hay que valorar a todos por sus acciones.