La jirafa inconforme La primera vez que Pompilia se asomó al río y vio lo largo que tenía el cuello, no le hizo ninguna gracia. "Este río no es buen espejo", se dijo. "Me miraré en la laguna, que tiene el agua más tranquila". Y antes de que el sol brillara demasiado Ponpilia corrió a la laguna para mirarse bien. Allí comprobó que nada había cambiado: su cuello parecía una larga vara con una cabecita en la punta. "¿Y si pruebo a encogerme un poco? A lo mejor así el defecto se notará menos" pensó ella. Continúa tú la historia...