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Cuando
los CARNAVALES no se habían comercializado aún y convertido en espectáculo, lo
que se hacía era disfrazarse con las ropas viejas propias o ajenas que uno
encontraba en los baúles cuando emprendía la gran limpieza anual de la casa
marcada por la cuaresma (para los romanos el mes de febrero es el de la
limpieza; y los musulmanes también empiezan su Ramadán con la limpieza general).
Era obligado una vez al año,
antes de la primavera, sacar todos los trastos viejos de casa, repellar los
desconchones de las paredes, encalarlas por dentro y por fuera y dejarlo todo
reluciente para cuando los dioses pasasen la solemne inspección en sus carrozas
navales sobre las que danzaban los fieles en su presencia.
Por eso en unos CARNAVALES las
escobas y los barridos son grandes protagonistas, y es un honor y señal de buen
augurio tener la escoba como pareja del baile.
En todos los CARNAVALES se da
jovialidad a la limpieza general poniéndose trapos que ya no se llevan, y se
aprovecha para vivir unos días en unos hábitos que no son los propios y con unas
caretas que no nos corresponden.
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