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En el poblado de Nai Soi,
situado a 40 km de Mae Hong Song, en la frontera con Birmania (ahora llamado
Myanmar), viven algunas de las mujeres Kayan que emigraron a Tailandia desde ese
país. Las Kayan mantienen la antigua tradición de alargarse el cuello con
una espiral metálica. Realmente el cuello no se alarga, es imposible. El secreto
de las mujeres jirafa está en el descenso de las costillas hasta en 45º respecto
a su posición normal. El efecto que produce es el de un cuello más largo de lo
habitual. Mas información
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Monseñor Gabbiato me dijo que
los collares se consideraban joyas. Cuanto más largos, mayor el atractivo de la
mujer, puesto que, aparte de resaltar la belleza de quien lo llevaba, era prueba
de que provenía de una familia rica. Hoy en día, quedan unas 120 mujeres kayan
que llevan collares enteros, así como aros en las manos y en los pies. Muchas de
las más jóvenes sólo llevan algunos collares, puesto que no se deciden a llevar
una carga de más de diez kilos en adornos por el resto de la vida. Una mujer
kayan llegó a ponerse 27 collares, una marca todavía inigualada, que pesaba unos
nueve kilos y que estiraba su cuello unos diez centímetros. En un artículo de
National Geographic, publicado en 1979, se mostraba la radiografía de una mujer
kayan, en la que se apreciaba que los collares no aumentaban la separación entre
las vértebras del cuello, sino que oprimía hacia abajo la clavícula y la cavidad
de las costillas, creando así el efecto de un cuello muy estirado. Hoy en día,
sólo un puñado de ancianas kayan conoce la técnica para cambiarse los collares,
lo que suele hacerse en celebraciones organizadas en noches de luna llena. Mas
información
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