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Este campo se encontraba en el corazón de Alemania,
fue puesto bajo la administración de las SS,
convirtiéndose en campo de concentración.
A partir de julio de 1944 comenzó a ser empleado
como estación de tránsito para judíos de Holanda,
Polonia, Hungría, Albania, Grecia y Yugoslavia. Se proyectó encerrar a unos 10000 prisioneros,
pero en la segunda mitad de 1944 estaba superpoblado,
con un promedio de 15000 cautivos.

Aunque en Bergen-Belsen no hubo
gaseamientos ni incineraciones,
allí murieron 37000 prisioneros, víctimas del hambre,
las enfermedades, la violencia de sus guardianes
y el agotamiento en el trabajo.

Bergen fue el primer campo de
prisioneros liberado por los
aliados occidentales.
Cuando llegaron allí, las tropas
británicas quedaron espantadas
ante los cadáveres hacinados en
grandes fosas comunes aún sin cubrir. Los soldados obligaron a los civiles
de los alrededores a peregrinar
hasta el campo de concentración para
que contemplaran fríamente el crimen cometido. El 21 de mayo, tras haber cubierto las fosas,
labor en la que fueron empleados soldados
de la Wehrmacht y de las SS, las autoridades
británicas ordenaron que todo el complejo
fuera incendiado para evitar epidemias.

Nacida el 12 de junio de 1929 en Alemania,
Ana fue una adolescente común de la época.
Durante la Segunda Guerra Mundial, para escapar
a la persecución nazi junto a su familia vivieron
ocultos en Amsterdam en un anexo secreto
del negocio de su padre Otto.
Durante 25 meses ese fue su mundo, en él
transcurrieron las horas y los días, mientras
Ana registraba sus vivencias y temores
en un cuaderno de tapas rojas.
Por fin fueron descubiertos y
deportados a un campo de concentración.
En marzo de 1945, días antes del fin de
la guerra falleció víctima del Tifus
en el campo de Bergen-Belsen.
Su diario, que había quedado abandonado
en el anexo fue descubierto y publicado <
en 1947 por Miep Gies, una amiga de la familia.
Desde entonces «El diario de Ana Frank» ha sido
traducido a 55 idiomas, y ha llevado el mensaje
de esperanza a millones de personas.
No tengo suficiente fe en Dios...
Mi miedo me hace querer gritar...
(Diario de Ana Frank, 29 de diciembre de 1943)
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