|
Non, rien de rien,
non, je ne regrette rien.
Ni le bien qu´on m´a fait
ni le mal,
tout Ça m´est bien égal.
Non, rien de rien,
non, je ne regrette rien.
C´est payé , balayé, oublié,
je m´en fous du passé.
Avec mes souvenirs
j´ai allumé les feux,
mes chagrins mes plaisirs,
je n´ai plus besoin d´eux.
Balayés mes amours
avec l´air trémolo,
balayés pour toujours,
je reparts à zéro.
Non, rien de rien,
Non, je ne regrette rien,
ni le bien qu´on m´a fait,
ni le mal,
tout Ça m´est bien égal.
Non, rien de rien,
non, je ne regrette rien,
car ma vie, car mes joies,
aujour d´hui,
Ça commence avec toi. |
 |
No, nada de nada,
no me arrepiento de nada.
Ni del bien que me han hecho,
ni del mal,
todo eso me da igual.
No, nada de nada,
no me arrepiento de nada,
está pagado, barrido, olvidado,
me da igual el pasado.
Con mis recuerdos
he encendido fuego.
Mis penas, mis placeres,
ya no tengo necesidad de ellos.
Barridos mis amores
con aire trémolo,
barridos para siempre,
vuelvo a empezar de cero.
No, nada de nada,
no, no me arrepiento de nada,
ni del bien que me han hecho,
ni del mal,
todo eso me da igual.
No, nada de nada,
no, no me arrepiento de nada,
pues mi vida, mi alegría,
hoy comienza contigo. |
|
Ruth
Vander Zee, autora de esta trágica historia, nos introduce en la misma
expresándose como sigue: En 1995, cincuenta años después de la 2ª Guerra
Mundial, conocí a la protagonista de esta historia. Mi marido y yo estábamos
sentados en un banco en Rothenburgo, Alemania, mirando como un equipo de
limpieza recogía del suelo un montón de tejas rotas del ayuntamiento. La noche
anterior, un tornado había arrasado este hermoso pueblo medieval llenando sus
calles de escombros. Un comerciante entrado en años que andaba por allí nos dijo
que aquella tormenta había causado tantos daños como el último ataque de las
tropas aliadas en la guerra. Cuando el comerciante volvió a atender su negocio,
una mujer que estaba sentada a nuestro lado se presentó a sí misma como Erika.
Nos preguntó si estábamos de viaje. Cuando le dije que sí, que habíamos estado
estudiando durante dos semanas en Jerusalén, nos respondió con tristeza que
siempre había deseado visitar esa ciudad pero que nunca se lo había podido
permitir.
Observé que llevaba al cuelllo una cadena de oro con una
Estrella de David, así que le comenté que, después de estar en Israel, habíamos
pasado por Austria donde visitamos el campo de concentración de Mauthausen.
Erika nos dijo que en una ocasión había llegado hasta las mismas puertas de
Dachau, pero que no había sido capaz de entrar.
Entonces nos contó su historia... |