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Alguien
me recogió y me entregó a una mujer para que me cuidara. Ella arriesgó su vida
por mí. Calculó mi edad y me puso una fecha de nacimiento. Decidió que me
llamaría Erika. Me dio un hogar, me alimento, me vistió y me mandó a la escuela.
Fue buena conmigo.
A los veintiún años me casé con un hombre maravilloso. Él
me liberó de la tristeza que a menudo me embargaba y supo entender mi deseo de
formar una familia. Tuvimos tres hijos y ahora ellos tienen sus propios hijos.
En sus caras me reconozco a mí misma.
Alguien dijo un día que nosotros llegaríamos a ser tantos
como estrellas hay en el firmamento. Seis millones de esas estrellas se apagaron
entre 1933 y 1945. Cada una de ellas era uno de los míos cuya vida fue destruida
y cuya familia fue tronchada como un árbol.
Hoy mi árbol vuelve a tener raíces. Y mi estrella todavía
brilla en el cielo. |