|
Cuando comenzó la II Guerra Mundial en
septiembre de 1939, el Ejército alemán ocupó la mitad occidental de Polonia, con
lo que casi dos millones de judíos polacos cayeron bajo la esfera de poder
alemana. Las restricciones que se aplicaron a los judíos polacos fueron mucho
más duras que las padecidas por los judíos alemanes. Se les obligó a trasladarse
a guetos rodeados por muros y alambradas, con una administración propia muy
limitada que recordaba a los campos de concentración. Cada gueto contaba con un
consejo judío que se encargaba de organizar el alojamiento, la sanidad y la
producción. Se les proporcionaba alimentos y carbón, y los productos
manufacturados se enviaban fuera del recinto. Sin embargo, el suministro de
comida que permitían los alemanes consistía principalmente en cereales y algunas
verduras y hortalizas (nabos, zanahorias y remolacha principalmente). La ración
oficial del gueto de Varsovia no alcanzaba las 1.200 calorías por persona.
Surgió un mercado negro de alimentos introducidos de contrabando, pero los
precios de las mercancías eran elevados y el desempleo y la pobreza estaban muy
extendidos. En las casas llegaban a vivir de seis a siete personas en cada
habitación, y el tifus era habitual entre la población.
Mientras la población polaca era internada en
guetos, el Ejército emprendió una acción a gran escala en el frente oriental. En
junio de 1941, los ejércitos alemanes invadieron la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas (URSS), a la vez que la Oficina Principal de Seguridad
del Reich (un organismo dependiente de la policía y de la milicia del partido
nazi, conocida como las SS) enviaba 3.000 hombres de las unidades especiales
para eliminar a todos los judíos que se encontraran en el territorio
recientemente ocupado. Estos destacamentos móviles, llamados Einsatzgruppen
(‘grupos de acción’), no tardaron en llevar a cabo ejecuciones en masa. Las
matanzas solían realizarse en fosas o barrancos próximos a las ciudades o
pueblos. En algunas ocasiones eran presenciadas por soldados o habitantes de la
zona. Los rumores de estos asesinatos masivos habían llegado a varias capitales
del mundo mucho antes de que hubiera testigos de las mismas. |