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Un mes después de que comenzaran las acciones
de los grupos móviles en el territorio ocupado de la URSS, el dirigente nazi y
jefe de la Aviación alemana, Hermann Wilhelm Goering, envió un comunicado al
jefe de la Oficina Principal de Seguridad del Reich, Reinhard Heydrich,
encomendándole la organización de la “solución final para la cuestión judía” en
toda la Europa dominada por los alemanes. Se obligó a los judíos residentes en
Alemania a llevar distintivos o brazaletes con una estrella amarilla a partir de
septiembre de 1941. Decenas de miles fueron deportados a los guetos de Polonia y
a las ciudades conquistadas en la URSS a lo largo de los siguientes meses. Pero
cuando esta medida ya se había puesto en marcha, se creó un nuevo método de
exterminio: los campos de concentración.
En Polonia se construyeron campos equipados
con instalaciones de gases. La mayoría de las futuras víctimas eran deportadas a
estos centros de muerte desde los guetos cercanos. Más de 300.000 judíos
procedentes únicamente del gueto de Varsovia fueron eliminados. Los primeros
transportes solían llevar a mujeres, niños o ancianos, y, en general, a la
población que no podía trabajar. Los judíos que podían ser empleados como mano
de obra permanecían en talleres o fábricas, pero acababan siendo ejecutados. Las
deportaciones más numerosas se produjeron en el verano y otoño de 1942. El
destino de estos traslados no era comunicado a los consejos judíos de los
guetos, pero las noticias de los asesinatos en masa fueron llegando a oídos de
los supervivientes y de los gobernantes de Estados Unidos y Gran Bretaña. En
abril de 1943 los 65.000 judíos que aún permanecían en Varsovia se sublevaron
contra la policía alemana, que había entrado en el gueto para realizar nuevos
envíos. La lucha duró tres semanas.
Las deportaciones que se llevaron a cabo
en toda la Europa ocupada por los alemanes generaron multitud de conflictos
políticos y administrativos. Dentro de la propia Alemania se produjo un fuerte
debate sobre el destino de los mischlinge, a los que finalmente se
respetó. Se emprendieron negociaciones diplomáticas para efectuar deportaciones
en algunos de los países aliados con Alemania, como los estados satélite de
Eslovaquia y Croacia. El gobierno francés de Vichy, que ya había puesto en vigor
algunas leyes antisemitas, comenzó a encarcelar a los judíos incluso antes de
que los alemanes lo solicitaran. El gobierno fascista italiano se negó a
cooperar con los nazis hasta que Italia fue ocupada por fuerzas alemanas en
septiembre de 1943; la misma actitud adoptó el gobierno húngaro, por lo que los
alemanes invadieron el país en marzo de 1944. Rumania, pese a haber sido
responsable de varias ejecuciones en masa de judíos en los territorios ocupados
de la URSS, también se negó a entregar su población judía a Alemania. En la
Dinamarca ocupada numerosos daneses colaboraron para salvar de una muerte segura
a los judíos que se encontraban en el país y les enviaron a Suecia, que era un
Estado neutral, en miles de pequeñas embarcaciones. Los alemanes se apropiaban de todas las
posesiones de los deportados siempre que les era posible. En Alemania se
confiscaron las cuentas bancarias y propiedades de los judíos, y el mobiliario
de los pisos de familias judías de la Francia ocupada, Bélgica y Países Bajos se
envió a Alemania para ser distribuido entre las personas cuyas casas habían sido
bombardeadas.
El transporte de víctimas a los campos de
la muerte solía hacerse por ferrocarril, y la policía tenía que abonar al
sistema ferroviario alemán el precio de un billete de ida de tercera clase por
cada deportado. Cuando se había cargado a mil personas en un tren, se aplicaba
una tarifa de grupo por la cual sólo era preciso pagar la mitad del importe. Los
trenes, formados por vagones de mercancías, se desplazaban lentamente siguiendo
horarios especiales. Los enfermos y los ancianos solían fallecer durante el
trayecto. Los puntos de destino en Polonia eran
Kulmhof (Chelmno), Belzec, Sobibor, Treblinka, Lublin y Auschwitz. Kulmhof,
situado al noroeste del gueto de Łódź, contaba con furgones de gas, y el número
de personas que perdieron allí la vida fue de unas 150.000. Belzec disponía de
cámaras de gas de monóxido de carbono en las que fueron asesinados 600.000
judíos aproximadamente, procedentes en su mayoría de la populosa zona de
Galitzia. Las cámaras de gas de Sobibor pusieron fin a la vida de más de 250.000
personas, y las de Treblinka de 700.000 a 800.000. En Lublin murieron gaseados o
fusilados unos 50.000 judíos. El número de víctimas de Auschwitz fue superior a
un millón.
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Auschwitz, próximo a Cracovia, fue el
mayor campo de exterminio. El gas empleado en este lugar, a diferencia del de
otros campos, era era cianuro de hidrógeno y producía una muerte rápida. Las
víctimas de Auschwitz procedían de toda Europa: Noruega, Francia, Países Bajos,
Italia, Alemania, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Yugoslavia, Grecia y España,
en este último caso principalmente republicanos españoles exiliados tras la
Guerra Civil (1936-1939). Una gran parte de los presos de estos países, incluso
aquéllos que no eran judíos, fueron empleados como mano de obra en industrias;
algunos prisioneros fueron sometidos a experimentos médicos, sobre todo a
esterilizaciones. Aunque lo habitual era que sólo se gaseara a los judíos y los
gitanos, varios cientos de miles de personas internadas en este campo murieron a
causa del hambre, de las enfermedades o las ejecuciones. Se construyeron enormes
crematorios para incinerar los cuerpos de las víctimas y borrar las huellas del
exterminio. Auschwitz fue fotografiado por aviones de reconocimiento aliados que
buscaban objetivos industriales, y en 1944 se destruyeron las fábricas pero no
las cámaras de gas.
Cuando la guerra terminó millones de
judíos, eslavos, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, comunistas y otros
grupos habían fallecido en el Holocausto. Más de 5.000.000 de judíos fueron
asesinados: unos 3.000.000 en centros de exterminio y en campos de trabajo,
1.400.000 en los fusilamientos masivos, y más de 600.000 en los guetos (se
estima que el número de víctimas fue casi de 6.000.000). Las potencias
victoriosas se vieron fuertemente presionadas para fundar en Palestina una
patria permanente para los judíos sobrevivientes, y la creación del Estado de
Israel, tres años después de la derrota alemana, resultó ser otra consecuencia
del Holocausto. Como lo fue la acuñación del concepto ‘crímenes de guerra contra
la humanidad’ en el Derecho internacional, resultado de cuya aplicación
numerosos dirigentes nazis responsables del Holocausto fueron condenados, y
algunos ejecutados, al finalizar la contienda por un tribunal de guerra
internacional celebrado en Nuremberg (Alemania), dentro de los juicios por
crímenes de guerra tristemente más famosos de la historia reciente de la
humanidad.
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