|
Esta
es la historia de un niño que tuvo dos grandes amigos y compañeros de juegos; un
muñeco de nieve y una hermosa flor.
Ambos le hicieron reír y llorar, con ambos
disfrutó y sufrió, ambos le dijeron "hola" y "adiós".
En un día de invierno, cuando Carlos disfrutaba
de sus vacaciones de Navidad, contemplaba por la ventana de su cálida casa la
gran nevada de aquel frío día. Tanta blancura invitaba al juego y se dispuso a
salir de casa para jugar con la nieve.
Dejó sus juguetes en la chimenea al calor del
fuego, saltó de su sofá y buscó ropa de abrigo. Abrigándose con un chaquetón azul se calzó unas
fuertes botas negras para lanzarse al campo y disfrutar con la nieve y su
resplandeciente blancura.
Lo primero que hizo fue una gran bola blanca que
creciendo y creciendo, rodando y rodando, se convirtió en un gran muñeco de
nieve salido de las manos del solitario niño juguetón. Carlos convirtió al muñeco en su compañero de
juegos. Le habló y la mágica fantasía que vive en todos los niños hizo que el
muñeco le contestara invitándole a jugar.
Así Carlos, aquel invierno, halló un compañero de
juegos en aquel muñeco de nieve que hizo con sus manos y la nieve de su jardín. Desde entonces, todos los días, Carlos y el
muñeco jugaron y saltaron, corrieron por la nieve y rieron como solo los niños
saben hacer.
Fantasía e Imaginación, amigas inseparables de
los niños, convirtieron a los dos en inseparables amigos, compañeros de juegos. Cuando no parece que pasa nada, hay algo que
siempre pasa. El [
tiempo ] pasa minuto a minuto, día a día, invariable e
irremediablemente.
Un día dejó de nevar, de entre las brumas del
invierno que acababa surgía brillante el sol. El frío cedía ante el calor, la
blancura del invierno daba paso al colorido de la primavera. El muñeco jadeaba de calor y Carlos le observaba
triste, preocupado. El muñeco se deshacía en un chorro de agua que manaba de
todo su cuerpo, su nieve se derretía al sol a la vez que el campo se llenaba de
color.
Del hermoso muñeco solamente quedó un charco de agua en el campo bajo el
ardiente sol. Carlos, triste y sorprendido, lloró aquella pérdida. Su bondadoso
amigo había desaparecido deshecho en agua, muerto en el calor de la naciente
primavera. Solamente quedaba del muñeco un sombrero, una
bufanda y una escoba sobre un charco de agua en el campo antes nevado,
ahora cubierto de verde hierba.
¡Qué pena! , ¡Qué tristeza! sentía Carlos,
nuevamente solitario, triste y desconsolado. De repente, desde el fondo de la tierra y rebosando humedad, surgió una flor
nacida en el mismo lugar donde el muñeco murió.
Luego nació otra flor aquí y otra allá, el campo
se llenó de colores y el cielo resplandeció ante el sol. La primavera llegó. Carlos halló en la flor una nueva amiga hija de
la primavera y de las generosas Fantasía e Imaginación siempre cerca de los
niños. Ambos jugaron los eternos juegos de los niños; corriendo y saltando,
bailando y cantando.
Al
acordarse del muñeco, Carlos pensaba... ¡ qué pena que muera el muñeco, ! pero un
hada amiga le susurraba al oído... ¡ qué alegría que nazca una flor !.
En la naturaleza, con frecuencia, unos seres
acaban su vida cuando otros empiezan la suya. La noche deja paso al día, la
lluvia se convierte en río y el río en nube. El invierno desfallece cuando llega
la primavera... y Carlos, algo extrañado, sigue jugando con nuevos amigos, ahora
flores y pájaros, mañana ??? [
mañana
] será otro día. |