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Del hermoso muñeco solamente quedó un charco de agua en el campo bajo el
ardiente sol. Carlos, triste y sorprendido, lloró aquella pérdida. Su bondadoso
amigo había desaparecido deshecho en agua, muerto en el calor de la naciente
primavera.
Solamente quedaba del muñeco un sombrero, una
bufanda y una escoba sobre un charco de agua en el campo antes nevado,
ahora cubierto de verde hierba.
¡Qué pena! , ¡Qué tristeza! sentía Carlos,
nuevamente solitario, triste y desconsolado.
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